1.1 Salud sexual
1.1.1 Conceptualización salud sexual
1.2 Leyes sobre aspectos sexuales
1.2.1 Diversidad sexual
1.2.2 Educación sexual
...
1.3 Ejercicio responsable de las relaciones sexuales
1.3.1 Disfunciones sexuales
1.3.2 Control de riesgo en las relaciones sexuales
1.3.3 Relaciones sexuales en la adolescencia
SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA EN ADOLESCENTES Y
JÓVENES
Las
probabilidades de que las adolescentes de entre 15 y 19 años mueran debido a
complicaciones durante el embarazo o el parto son dos veces mayores que las de
una mujer de 20 a 30 años
En
México, las y los jóvenes inician su vida sexual entre los 15 y los 19 años, en
promedio
La población adolescente y joven es una
prioridad a nivel mundial. La generación actual es la más grande que se haya
registrado en la historia de la humanidad. Las condiciones en las que toman
decisiones sobre su sexualidad, los elementos y servicios con los que cuentan
para ello, así como las oportunidades de educación y desarrollo disponibles,
tienen un importante efecto en su calidad de vida y en las tendencias poblacionales
de las siguientes décadas.
En lo que se refiere a la salud sexual y
reproductiva (SSR), los principales riesgos de esta población son:
El
inicio no elegido, involuntario y/o desprotegido de su vida sexual
La
exposición a embarazos no planeados, no deseados, o en condiciones de riesgo
La exposición a una infección de transmisión
sexual (ITS), cuya expresión más dramática es el VIH/Sida
A nivel global, una gran cantidad de
adolescentes ya son sexualmente activos antes de cumplir 20 años de edad, y la
gran mayoría (alrededor del 60%) no utiliza ninguna protección contra el
embarazo, ni contra el riesgo de adquirir una ITS o infectarse de VIH.
Cada año dan a luz 16 millones de
adolescentes en el mundo. El 90% de estos embarazos ocurre en países en
desarrollo; 38% sucede en América Latina y el Caribe. Los riesgos de un
embarazo en la adolescencia están fuertemente asociados con las desigualdades,
la pobreza y la inequidad de género. Las probabilidades de que las adolescentes
de entre 15 y 19 años mueran debido a complicaciones durante el embarazo o el
parto son dos veces mayores que las de una mujer de 20 a 30 años.
En México, las y los jóvenes inician su vida
sexual entre los 15 y los 19 años, en promedio. La gran mayoría de ellos (97%)
conoce al menos un método anticonceptivo; sin embargo, más de la mitad no
utilizaron ninguno en su primera relación sexual. Datos de la Secretaría de
Salud muestran que la mayor demanda insatisfecha de métodos anticonceptivos
corresponde a adolescentes de 15 a 19 años; asimismo, se estima que 17.4% de
los nacimientos totales corresponden a mujeres menores de 20 años, de los
cuales entre 60 y 80% de ellos son no planeados.
Bajo un enfoque de derechos humanos, género e
interculturalidad , el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA)
promueve acciones para prevenir el embarazo adolescente, las ITS y el VIH/Sida,
desde diferentes ángulos:
Contribuye a fortalecer las capacidades de las
instituciones nacionales y estatales y de las organizaciones de la sociedad
civil, para operar servicios de SSR integrales, de alta calidad y amigables
para las y los adolescentes y jóvenes
Apoya
iniciativas de formación de docentes en materia de educación de la sexualidad
Vela
por que se incluyan los derechos reproductivos y la SSR de los adolescentes en
los programas nacionales y se traduzcan en políticas y acciones
Cómo son esas iniciativas
El UNFPA apoya diversos programas enfocados a
la SSR de las y los adolescentes y jóvenes en zonas urbanas, rurales y
poblaciones indígenas. En Chiapas, Hidalgo, Oaxaca y San Luis Potosí, ha
promovido el conocimiento y sensibilización sobre aspectos relacionados con la
salud y los derechos reproductivos de adolescentes y jóvenes, mediante talleres
en lengua indígena, cuentos radiofónicos, obras de teatro y campañas de
visibilización de los temas. También ha apoyado programas radiofónicos
conducidos por jóvenes y para jóvenes, difundidos en zonas urbanas y rurales y
ha colaborado en la capacitación de dependientes de farmacias para orientar e
informar certera y oportunamente a la población adolescente.
Actualmente, trabaja en colaboración con los
servicios de salud de los estados y los Consejos Estatales de Población
(COESPO), en el fortalecimiento de una atención integral de la SSR de la
población adolescente y joven que incluya la participación de la comunidad.
Impulsa el diseño de estrategias innovadoras que favorezcan el acceso de
adolescentes y jóvenes a estos servicios. Promueve la coordinación entre los
diversos sectores de gobierno y los organismos de la sociedad civil, así como
la difusión de campañas de comunicación.
La Asamblea General de las Naciones Unidas
proclamó, del 12 de agosto 2010 al 12 de agosto 2011, Año Internacional de la
Juventud. En este marco, UNFPA se une a la iniciativa de instaurar el 26 de
septiembre como Día nacional para la prevención del embarazo no planificado en
adolescentes . Esta iniciativa es impulsada por más de 15 organizaciones del
gobierno y de la sociedad civil. Se orienta a reforzar las estrategias y los
programas nacionales para brindar atención y servicios de calidad para la salud
sexual y reproductiva de los y las adolescentes, con la finalidad de fortalecer
las acciones preventivas que permitan a los y las jóvenes construir un proyecto
de vida satisfactorio y una vida libre de riesgos.
Salud sexual
La salud sexual es definida por la
Organización Mundial de la Salud (OMS) como "un estado de bienestar
físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad; no es
solamente la ausencia de enfermedad, disfunción o incapacidad. Para que la
salud sexual se logre y se mantenga, los derechos sexuales de todas las personas
deben ser respetados, protegidos y ejercidos a plenitud".
Por su parte, la Organización Panamericana de
la Salud (OPS) ha definido la salud sexual como "la experiencia del
proceso permanente de consecución de bienestar físico, psicológico y
sociocultural relacionado con la sexualidad."
Ambos organismos consideran que, para que
pueda lograrse y mantenerse la salud sexual, deben respetarse los derechos
sexuales de todas las personas. En efecto, para lograrla, la OMS asegura que se
requiere un "enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y las
relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener relaciones sexuales
placenteras y seguras, libres de coerción, discriminación y violencia.
CONCEPTO DE SALUD SEXUAL
La salud no es sólo el bienestar físico, sino también
el psíquico y el social.
Pero, para que esta salud se dé, es necesario además,
que cada persona viva a gusto con su cuerpo y con su sexualidad, ya que todos
los seres humanos somos sexuados, es decir, todos nacemos ya con sexualidad. La
sexualidad humana dura lo mismo que dura la vida y al igual que los demás
aspectos de ella evoluciona y cambia en las diferentes edades o etapas
evolutivas.
La Sexualidad va más allá de lo que comúnmente
entendemos por sexo.
Definición de "Salud Sexual" de la OMS (Organización
Mundial de la Salud). Ginebra. Febrero de 1974.
"Salud sexual es la integración de
los elementos corporales, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual,
por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la
personalidad, la comunicación y el amor".
LEYES SOBRE ASPECTOS SEXUALES
Siempre se ha hablado de las diferencias entre hombres y mujeres sobre todo cuando se habla del plano sexual o en cuanto a las relaciones de pareja, y de cómo vive y siente cada uno, este importante aspecto de su vida.
Si bien no es bueno hablar de generalidades, hombres y mujeres podemos ser, diferentes en algunos aspectos, como puede ser la forma de pensar o de accionar, mientras que en otros, deberíamos desmitificar ciertos estereotipos que se nos han impuesto desde pequeños. De esta manera, quizá llegaremos a la conclusión de que en algunos aspectos del plano sexual, no somos tan diferentes.
Si hablamos entonces de las relaciones sexuales y de pareja, prevalece la idea de que el hombre, siempre está detrás del sexo, que vive pensando en “ello” y que se muestra cariñoso, sólo cuando desea tener sexo, mientras que muchas veces, la mujer consiente el sexo para satisfacer a su pareja y para sentirse amada, dicho en otras palabras, tendemos a pensar que los hombres son más sexuales y las mujeres más sensitivas.
Diversidad sexual
La diversidad sexual es el fenómeno por el
cual una especie animal presenta individuos de diferentes sexos, identidades
sexuales y orientaciones sexuales.
Habitualmente este término se usa para
referirse a la diversidad dentro de la orientación sexual; de hecho,
habitualmente se usa una clasificación simple de cuatro orientaciones:
heterosexual, homosexual, Transexual y bisexual; sin embargo, según diversas
teorías de la sexología, como la teoría de Kinsey y la queer, esta
clasificación resulta insuficiente para describir la complejidad de la
sexualidad en la especie humana y también en otras especies animales según
diversas investigaciones etológicas. Es decir, por ejemplo pueden encontrarse
sexualidades que se situarían entre las anteriores clasificaciones:
Entre heterosexual y bisexual:
preferentemente heterosexual o heteroflexible.
Entre homosexual y bisexual: preferentemente
homosexual u homoflexible.
En otras palabras, se cree que dentro de la
bisexualidad existe una gran diversidad de tipologías y preferencias que pueden
responder a una motivación puramente biológica (sexuación del cerebro) o
también puede estar influenciada por las circunstancias (abundancia de un sexo
u otro, fuerte libido, etc.). De hecho, en este contexto es posible englobar la
heterosexualidad y la homosexualidad dentro del conjunto de bisexualidades,
como dos casos situados en los extremos de la preferencia (escala de Kinsey).
Según la sexología, y en especial la de la
especie humana, la diversidad sexual incluye también a todas las formas de
identidad sexual, tanto si son definidas como indefinidas (teoría queer). En
este sentido, socialmente se reivindica la aceptación de cualquier forma de
ser, con iguales derechos, libertades y oportunidades, dentro del marco de los
derechos humanos.
La población lésbico-gay-bisexual-transgénero
(LGBT) suele aprovechar las jornadas del orgullo gay para reivindicar la
visibilidad de la diversidad sexual.
El día 28 de junio se celebra, desde hace
varios años, el Día Mundial de la Diversidad Sexual.
educación sexual
La educación de niños, niñas y adolescentes
sobre salud sexual es una de las cuestiones más debatidas y de mayor carga
emocional. Las diferencias de opinión son muy grandes cuando se trata de
dilucidar hasta qué punto debe ser explícito el material utilizado, la
extensión ideal, con qué frecuencia debe hacerse llegar a sus destinatarios y a
qué edad debe iniciarse dicha educación. Se ha llegado incluso a formular la
pregunta: ¿acaso es necesario educar a las y los adolescentes en materia de
sexo y salud sexual?
A nivel mundial, la mayoría de los jóvenes
empiezan a tener relaciones sexuales antes de cumplir los 20, y la mitad, al
menos, en torno a los 16. La utilización de anticonceptivos y la prevención de
las infecciones de transmisión sexual (ITS) varía, de acuerdo con la
información disponible, según la edad de la iniciación sexual. La utilización
de preservativos y anticonceptivos es más probable cuanto más tardía la
iniciación sexual. Se ha constatado que la educación sobre esas cuestiones
modifica los comportamientos sexuales y parece ser más eficaz si se imparte
antes de la primera relación sexual, es decir, en la adolescencia o
preadolescencia.
La tasa de cambio de pareja sexual es más
elevada durante la adolescencia y comienzos de la veintena. Esto no sólo es
cierto en el caso de parejas casuales, sino también tratándose de relaciones
que se consideran regulares y monógamas. Aunque sucesivos emparejamientos
monógamos pueden ser de corta duración, su carácter "estable", desde
el punto de vista de muchas y muchos jóvenes que viven esas relaciones, aleja
subjetivamente el peligro de contraer ITS. Ello hace que se tengan relaciones
sexuales sin protección con parejas múltiples, lo que significa que el riesgo
acumulado resulta invisible debido a la monogamia aparente y al compromiso
mutuo en cada relación individualmente considerada. El riesgo queda de
manifiesto en las tasas desproporcionadamente elevadas de ITS y de embarazos no
deseados. Se ha comprobado que la educación de los adolescentes en materia de
anticoncepción, VIH y prevención de ITS es eficaz para reducir esas
consecuencias no deseadas. Desgraciadamente, los padres y las madres, aunque desean
ayudar a sus hijos e hijas, siguen sin establecer una comunicación adecuada en
cuestiones relativas al sexo. Se sienten incompetentes para esa tarea. Los
hijos e hijas se muestran a menudo remisos o demasiado avergonzados para
abordar el tema con sus progenitores y, en consecuencia, se han dirigido, sobre
todo en épocas recientes, a fuentes más oficiales de educación en este terreno,
como las clases impartidas en centros escolares.
Nos encontramos, por tanto, ante el periodo
en el que las y los jóvenes están iniciando su vida sexual y en el que cambian
de pareja con razonable frecuencia una vez que la empiezan; existe un riesgo
demostrado de consecuencias no deseadas (embarazos y ITS); los padres y las
madres se preocupan, pero no están preparados para intervenir; y existen
pruebas de que la educación recibida antes del comienzo de las relaciones
sexuales es muy eficaz. La necesidad de proporcionar una educación estructurada
en materia de salud sexual y de sus posibles consecuencias es a todas luces evidente.
La variedad de conceptos
La educación institucionalizada para
adolescentes sobre salud sexual ha tenido una historia larga y con muchos
altibajos, una historia de grandes diferencias a tenor del cambio de gobiernos
y de los vaivenes de la opinión pública. Esos cambios han quedado reflejados en
el contenido y en las ideologías que estructuran los planes de estudios sobre
salud sexual y la controversia pública que a menudo provocan. Como
consecuencia, la educación sexual dista de ser un concepto homogéneo o
unitario, dado que abarca, por el contrario, un amplio abanico de planes de
estudios que difieren en cuanto a objetivos, amplitud, aplicación y contenido.
La diversidad de enfoques queda de manifiesto en la nomenclatura utilizada para
describir lo que en sentido amplio se designa como educación sobre salud
sexual. Así por ejemplo, a los programas se les ha etiquetado en distintas
ocasiones como educación para la vida familiar, salud sexual, desarrollo
personal, aclaración de valores, "limítate a decir no", respeto al
sexo y salud sexual humana.
Los intentos por afinar la eficacia de los
programas tropiezan inevitablemente con la preocupación moral sobre la
legitimación de la actividad sexual en la adolescencia. La aparición de la
pandemia de VIH/sida ha acalorado todavía más el debate. El hecho de abordar en
esos programas, de manera inevitablemente explícita, prácticas históricamente
consideradas tabúes (sexo anal, por ejemplo, o prácticas homosexuales) ha
reavivado los temores acerca de la respuesta de la población adolescente a la
información que se le ofrece. La educación en materia de salud sexual ha sido
objeto de críticas, concretamente, que hablar sobre salud sexual con otra
finalidad que la de promover la abstinencia es una incitación y un estímulo
para la actividad sexual precoz. Es evidente que tal crítica ha tenido, y
seguirán teniendo, un efecto apreciable sobre la amplitud y naturaleza de la
educación en materia de VIH y salud sexual. Por esa razón es esencial realizar
un examen a fondo sobre la validez de tal afirmación.
El problema no es si las niñas y los niños
deben recibir educación sobre salud sexual, sino cómo y qué clase de educación
van a recibir. Es imposible apartar a la población infantil de las influencias
sexuales. Modelos adultos de comportamiento, la televisión y los anuncios
comerciales la bombardean constantemente, pero el silencio y las respuestas
evasivas suelen ser "profesores" más eficaces. Dejar de prestar a las
y los jóvenes información y servicios apropiados y oportunos por temor a
legitimar y alentar la actividad sexual no es una opción viable y resulta
contraproducente.
Carece de fundamento la acusación de que la
educación sobre salud sexual incita a la actividad sexual, pero, en contraste,
se peca de optimismo y de falta de realismo al presentarla como la panacea
frente a las tasas inaceptablemente altas de ITS y embarazos no deseados entre
adolescentes. La educación sobre salud sexual puede lograr que las prácticas
sexuales de las y los adolescentes sean más seguras, pero no es, con
frecuencia, el elemento más influyente, de manera que el potencial de la
educación para el desarrollo de pautas de comportamiento debe evaluarse en el
contexto de otras influencias sobre la salud sexual de la población adolescente.
Desgraciadamente, si bien muchos programas
educativos son innovadores y encuentran una buena recepción, sus efectos siguen
sin medirse. Es muy poco probable, por consiguiente, que cualquier avance
conseguido se incorpore a programas futuros. Las instancias normativas,
preocupadas por la reacción de la opinión pública, carecen de datos de
evaluación que respalden sus políticas. Si bien el impacto sobre el sistema
educativo de una innovación como la educación en materia de VIH puede tardar
algunos años en estimarse, las políticas deben contemplar la inclusión de un
componente de evaluación en la planificación de los programas a fin de
facilitar este proceso. Es necesario un aumento de la inversión en evaluación,
en su sentido más amplio, para dar una sólida orientación a los nuevos planes
de estudios y demostrar que los esfuerzos realizados benefician tanto a los
participantes como a la sociedad en su conjunto. (Anne Grunseit. Versión
editada de Impacto de la educación en materia de salud sexual y VIH sobre el
comportamiento sexual de los jóvenes: actualización de un análisis. ONUSIDA,
1997. Tomado de Letra S, número 75, octubre 2002).